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De los cólicos mentales y otros relatos

El tiempo muerto Tres tazas Dos anhelos Un suspiro. Procrastinar y detruirse con no sé qués Las tardes llenas de tanto y vacías de todo Qué vacío tan lleno Dos pizcas de desazón y tres cucharadas de sinsentido. Sinsentido sin razón El problema radica en eso Se rasgan las hojas que rajan el cuello Se acaba la tinta del tintero. Se mancha la portada Se borra el epígrafe Se blasfema en el prólogo Se defeca en la conclusión. Más nudos que desenlaces más eufemismos que verdades Más trama que historias Más vacuidad que hechos. De los cólicos mentales y otras trivialidades De eso se pintan los Lunes en la mañana y los viernes fríos Un pucho, el amanecer, el vacío de la probabilidad La nada, que de tanto estar se vuelve el todo. Sinsabor sin razón de viernes en la mañana El sinsabor de la ilusión infundada Del teclado lleno de migas De la cabeza llena de palabras El sinsentido del después de la calma El salir del ojo del huracán Tempestad, ráfagas inespe...
¿será que la vida me quedará grande? Sé que soy joven y estúpida, de eso no cabe duda, pero me he enfrentado, en mi corto periodo de vida, con ciertos sucesos y nada me ha llevado a aprender, reflexionar, anclar la desgracia con el posible futuro y evitar daños. Yo no sé, hoy casi muero nuevamente en dos ruedas y sigo sin aprender, mil y un veces la experiencia me decía "respeta y ama"; solo cumplía lo segundo y a lo primero le hacía muecas burlescas y le escupía en la cara ¿ahora qué queda? ¿corregir? ¿cambiar? Tal vez por más que intente esta es la porquería que soy. No hay remedio. Moriré de angustia. Moriré de sobredosis de mí. No es la edad, soy yo y toda la vida tendré que lidiar conmigo. No me soporto. No me soportaré. No soporto la vida a mi lado.

Jueves.

Hoy es jueves, día como cualquier otro, ninguna efeméride por la cual alegrarse, nada que contar, otro día, otro más, más canas en potencia, menos expectativas de vida, más expectativas volcadas en sueños, menos probabilidad de lograrlos, más desazón en acto. Ventilador, cobija, sudoku, esfero sin tinta. Me inutilizo, tampoco sé en qué podría utilizarme. Tengo miedo, tal vez de nada concreto y eso me asusta más. Tengo miedo de todo, de la ambigüedad del todo y de la facilidad de la nada, de la carencia de logros y de las ansias de reconocimiento, de la ausencia de calma y de la inexorable vida. Computador, televisor, agenda, olor de almuerzo. Han pasado diez minutos luego del medio día, la mitad de un día derrochando tiempo, despilfarrando oportunidades de no-sé-qué. El problema de la vida es cuando se tiene fe en ella. El problema de los días es cuando creemos que podemos hacer mucho con ellos. El problema de la realidad es cuando pensamos en ella como fantasía, la idealizamo...
Y aquí estoy, subsumida también en esa masa mórbida sedienta de redes sociales, sintiendo el valioso tiempo esfumarse en los días que se tornan inútiles, saltando del inicio a cualquier serie, documental o artículo que considere interesante, ojeando uno que otro libro, perdiéndome en la imbecilidad colectiva. No he podido terminar un libro en este mes, compré tantos pensando que aprovecharía el tiempo, maldito tiempo ¿será que todo esto me ganó? ¿será que nadie escapa? Soy débil y estúpida como todos por acá, ahogándome en el tiempo de ocio arrojado a las trivialidades.

La vida de la humanidad está repleta de mañanas.

Vuelve y juega. Otra efeméride une a la humanidad entera entorno a un no-sé-qué aparentemente alegre ¿por qué pensar en la finalización del año como un final y un comienzo? ¿por qué pensarse en esta época como un fénix que renace, que se genera del fuego y toma ímpetu con su vuelo? No es así, que hoy sea el último día del año y mañana el primero no significa que hoy se acaben los problemas y mañana empiece la tan anhelada vida nueva, ese caminito quimérico hacia la felicidad. No es así, no se deshacen los percances con un final aparente. No obstante, me uno a esa masa amorfa repleta de esperanzas y exorcizada de miedos. Creo, que más que pensar en un final para un nuevo comienzo, esta época es una excusa para el recuerdo, para la melancolía, la nostalgia, las sonrisas fundadas e infundadas. En esta vuelta de sol he aprendido sobremanera, aprendí (por enésima vez) que los errores pasan una cuenta de cobro extensa, que no se paga de contado, que se descuenta a cuotas de la cuenta de...

La derecha

Amanecí, aplastada como todos los días. La frente sudorosa de Natalia me cubría de un manto húmedo y salado. Se limpió conmigo la saliva que escurría de su boca, lo poco que podía limpiar porque el resto estaba seca y adherida a su cachete. ¡Así no se puede vivir tranquila! ¡Necesito independencia! Mi compañera esta noche gozó de mejor suerte. Claro, ella es la izquierda, a ella se le pasa por alto lo difícil de esta vida. Ella no debe tomar el papel para limpiar el trasero untado de mierda de Natalia, ella no debe sujetar el lapicero ni tomar el mouse y dar click para sufrir luego de túnel carpiano, ella no debe extraer los mocos de sus fosas ni debe rascarle el ojo derecho y tampoco ella debe sostener las bolsas de la basura hasta el shut, chute, chú, no sé cómo se escribe, la verdad la de la ortografía es Natalia, no yo. Ni ella sufre mis suplicios ni yo me libro de ellos. Estoy supeditada a mi querida señora. A rascar su cabeza y a limpiar la biblioteca; a coger las agarrader...

Primera, primerísima parte del segundo intento de novela.

-¿A qué sabe la felicidad?- Le preguntó la bala a la pistola - A plenitud y buenos día- respondió ella. Así me desperté la mañana del primer Domingo del pasado mes, intentando darle una interpretación a la absurda respuesta de la absurda conversación entre una bala y su madre pistola. ¿Por qué esa respuesta ante tal pregunta y por qué esa pregunta también? Yo creo que a la bala le sabía la felicidad a plenitud porque al salir disparada de su madre, no solo se desarraigaba de ella, no solo rompía el saco de protección, su útero y resguardo, sino que salía a enfrentarse al desgarramiento de tejidos, a la emanación de sangre, al buenos días que le daría al inspector o a medicina legal al extraerla. Por fin cumpliría su función, por fin daría rienda suelta a su paso, a su vuelo en el mundo. Y así, podría al fin, en su recorrido vertiginoso con un rumbo fijo del que ella desconoce, encontrar la calma del que cree haber cumplido su meta ya, del que cree haber dado por terminados sus propós...