La vida de la humanidad está repleta de mañanas.


Vuelve y juega. Otra efeméride une a la humanidad entera entorno a un no-sé-qué aparentemente alegre ¿por qué pensar en la finalización del año como un final y un comienzo? ¿por qué pensarse en esta época como un fénix que renace, que se genera del fuego y toma ímpetu con su vuelo? No es así, que hoy sea el último día del año y mañana el primero no significa que hoy se acaben los problemas y mañana empiece la tan anhelada vida nueva, ese caminito quimérico hacia la felicidad. No es así, no se deshacen los percances con un final aparente. No obstante, me uno a esa masa amorfa repleta de esperanzas y exorcizada de miedos. Creo, que más que pensar en un final para un nuevo comienzo, esta época es una excusa para el recuerdo, para la melancolía, la nostalgia, las sonrisas fundadas e infundadas.

En esta vuelta de sol he aprendido sobremanera, aprendí (por enésima vez) que los errores pasan una cuenta de cobro extensa, que no se paga de contado, que se descuenta a cuotas de la cuenta del alma. Aprendí también que por más que se intente nada se olvida, que todo habita en el recuerdo y aparece en los escenarios más inhóspitos. Aprendí que se puede cambiar, pero que el estigma del pasado siempre va a pesar sobre tu hombro. Aprendí a librarme del miedo, a tomar decisiones, a saber qué quiero en mi vida. Aprendí que no necesito sentir que deshago y arraso todo a mi paso, para luego repararlo y sentirme como heroína. Aprendí que estoy casi sola, que las únicas amistades que valen son aquellas de largos años, que aquellas que aparecen de la nada, a la nada se van. Aprendí que no necesito probar para decir "hey, no lo vuelvo a hacer", porque así sea cierto, el peso de los daños pesan más que los aciertos del reparo.

Aprendí a aceptar, a aceptar quién soy, a aceptar que tengo una gripa mental que me carcome de a pocos, ciertos días, muchos días, pero luego aparecerá la dicha aparente y podré sonreír. Aprendí a soportarme y debo aprender que los otros no tienen por qué hacerlo. Aprendí que todo camino tomado es un camino desertado, que así no haya tomado la decisión correcta, no puedo saltar de decisión en decisión. Aprendí que debo dejar de ser tan volátil, que debo materializarme, ser algo concreto. Aprendí que debo aprender tanto, que debo descender de la nube y darme (más, porque aún me falta) con el gélido suelo de la realidad. Aprendí que aún no sé nada y que mis conocimientos "tan reales" no me ayudan a resolver problemas de la vida real. Aprendí y aprenderé y sé que este día es una excusa para que la reminiscencia se apodere de mis pensamientos e intentar vislumbrar el mañana. Hoy finaliza lo que sea que sea esto y mañana supone comenzar. mañana hará calor y los barrotes de la nostalgia intentarán privar mi alma. Mañana será otro año. La vida de la humanidad está repletica de mañanas.

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