Y aquí estoy, subsumida también en esa masa mórbida sedienta de redes sociales, sintiendo el valioso tiempo esfumarse en los días que se tornan inútiles, saltando del inicio a cualquier serie, documental o artículo que considere interesante, ojeando uno que otro libro, perdiéndome en la imbecilidad colectiva. No he podido terminar un libro en este mes, compré tantos pensando que aprovecharía el tiempo, maldito tiempo ¿será que todo esto me ganó? ¿será que nadie escapa? Soy débil y estúpida como todos por acá, ahogándome en el tiempo de ocio arrojado a las trivialidades.
Desgracia de Coetzee
Durante largos meses abandoné la literatura. Soy estudiante de maestría en filosofía y, en una búsqueda desesperada por encontrar insumos para mi tesis, decidí dejar a un lado la literatura y me dediqué únicamente a escudriñar en Husserl. La vida se tornaba un tanto tediosa. Sin embargo, no sabía con qué libro romper mi abstinencia literaria. Soy una compradora compulsiva de libros. Compro 10, leo 1, me desespero; compro otros 10, leo 1 y allí ya quedo con 18 sin leer. Iba a tomar los libros olvidados de mi biblioteca, pero decidí no hacerlo. Escudriñando en una librería en Cali que me gusta mucho, llamada Libertienda, encontré un título que llamó mi atención: “Desgracia”. Cuánta fuerza en una sola palabra. Es contundente. En sí misma la palabra impacta. Dolor, pena, sufrimiento, infelicidad, mala suerte; desgracia. Le escribí a un amigo que siempre me hace buenas sugerencias literarias y me recomendó con mucho ímpetu su lectura. Me dijo que era de Coetzee, un escritor Sudrafricano ...
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