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Todo se muere

Solo quiero saber porqué coños hago lo que hago Envisto, aniquilo, deshago a los demás Meto a todo en mi caos Devoro almas. ¿Por qué? ¿Qué mal me han hecho? ¡Qué mal me he hecho generando solo displacer! Mientras tanto cristales escupe mis ojos ¿Y de qué sirve? ¿con qué fin? ¡El daño está hecho! ¡La sangre está sobre la mesa! Los muertos reposan en el sepulcro Las horas se deshacen del reloj La culpa abraza la cordura ¿De qué sirve llorar? ¿Es que creo que sirve como artefacto para el olvido? ¡nada me hará olvidar! ¡Nada puedo hacer para sanar! Morir, morirme, matar, matarme Y así, ponerle fin a esta mierda ¿Sabés cómo se siente ser un dios macabro? ¿Sabés cómo se siente tener la responsabilidad del dolor? Me pesa, me aplasta, desgarra mi fe Esperanzas teñidas de negro Rojo sangre Blanco tiza. Todo se muere Por mi culpa, la culpa es mía, la culpa es mía, la culpa es mía Alguien que me salve, ¡alguien que me salve! ¡Alguien que acuda en mi ayuda! ¡Alguie...

Prórroga de decepciones.

Serenidad Apacible engaño Agua; traslúcida esperanza Todo se pinta sobre agua y se desdibuja del lienzo. Heme aquí, tendida, arrojada Sometida a mi invento Carente de fe Carente de deseos. Mientras arranco un grito del aire Mientras proclamo al silencio Mi derecho a morir Mi derecho a no nacer. ¡Tengo derecho de sufrir! Y que esto me arranque los sesos Me devore las entrañas Me aniquile las ganas. Y heme aquí Ante la inefabilidad del desengaño, La culpa, la angustia Lecciones recibidas por experiencias amargas. Heme aquí ante el mundo Plagada de miedo ¿Qué haré cuando me olvide de mí? ¿Qué haré cuando me pierda? Malnacidos días ¡Todo es mierda! Soy un retazo de mentiras una prórroga de decepción. Y los jueces me miran Postrados ante mí, me gritan Me juzgan, me golpean, Me hieren y sé que es real. No merezco compasión No pido piedad Aclamé esto, y esto recibo Los días me arroja lo que doy Me escupe la vida Me aplastan las horas Me abruma e...

Yo lo busqué

Y ahora sí mi destrucción es real Yo lo busqué, con ansias pedí dolor Y he aquí, frente a mí, El caos que aclamaba. Ya no lo quiero, sí, no lo quiero Quiero que se vaya Que se esfume entre mis lágrimas No quiero deshacerme Lloro, grito, Siento como se desdibujan los días Como si todo fuese una abominable comedia Como si todo fuese irreal. ¿A quién puedo pedir ayuda? ¿A quién si yo no puedo¡ Me odio, me odio, me odio, me odio, me odio, me odio Y repetirlo tiene un efecto sanador, me odio porque lo merezco ¡No puedo con la calma! ¡Me queda grande la paz! Bendito aquel que no sucumbe ante el elixir del deseo Bendito aquel que controla sus impulsos Bendito aquel que aquieta el ímpetu del pecado Bendito aquel que sabe quién es.

Pérfido.

Me visto de autores, No tengo rostro Me visto de letras que no me pertenecen Ciorán, Pizarnik, Baudelaire, Huxley, Rimbaud, Hesse, Bukowski, Bierce Camus, Nietzsche y Sartre, eso soy ahora. ¿Y mañana? ¿sí, mañana qué? No tengo algo mío, Solo un vómito de conceptos recolectados Agrupados sistemáticamente y puestos en mi quehacer diario. El caos no es mío, es de los otros Es de los que admiro, de los que leo, de aquellos en los que creo, Me desdibujo en llanto inventándome cuentos Realmente mi no-sé-qué no me pertenece. Y así, creo mis desencantos Y así busco continuamente aniquilarme, Arrancarme las uñas y perforarme los ojos Así encuentro la destrucción que aclamo. Y lo que proyecto y lo que escribo se vuelve cierto Y mis días se ponen grises y la oscuridad se vuelve real Y se cortan las alas, se vierte petróleo en las plumas Y rompo el espejo, no me encuentro. ¿qué puedo hacer? ¡no soy real! Todo lo que proyecto ser es un acetato ...

¿qué se vive en la vida real? Primera parte.

Y sí, sentado en la plaza me lo dijo un viejo albañil: “No sé cuántos edificios en mi vida construí, lo que sí sé, es que a ninguno me volvieron a dejar entrar”. Eso fue el pasado verano y aún recuerdo su rostro, descompuesto, vengativo y agotado ¿cuántos como él habrá? ¿Cuántas personas no podrán acceder tan siquiera las obras que producen? Y es que no es solo ese albañil, es cuanto asalariado hay laborando a esta hora, todos producen, crean, innovan, hacen, dan todo de sí, todo bajo el yugo de la necesidad de un nimio pago y encarcelados en cuatro paredes grises en un espacio reducido. Cuántos persiguen sus sueños y se quedan en el intento, cuántos artistas, pintores, fotógrafos, escultores, directores de arte, músicos, filósofos, escritores, cuántos han renunciado a seguir con aquello que les apasiona por tener que llevarse una miga de pan a la boca. Es entonces donde aparece la frustración, el desasosiego, es ahí donde se siente la nada, donde la vida pierde sentido, solo al ...

bomba de tiempo...

Un romance, un amor, un anhelo esperanza y una pizca de añoranza la tristeza se recubre de un velo de alegría me tomo en las horas indicadas el placebo de la fe. Algo parece ser distinto algo pinta bien se desploma el manto negro se abraza a la niña en llamas. Vuela el miedo regresa el deseo y una dicha sospechosa embarga y permea el alma. Algo va a salir mal algo pronto se destruirá esta tranquilidad aparente es solo el ojo del huracán. Así como cuando me invade la angustia así como cuando me embarga la desolación así como desaparece la nostalgia así mismo se esfumará la esperanza Por ahora es mejor sentarse y esperar limpiar la sangre de las mantas cicatrizar la carne desgarrada Esperar y esperar que tanta dicha infundamentada llegue a su final.

Todo comenzó con un pequeño impulso.

Todo comenzó con un pequeño impulso. No aprendí a montar bicicleta en mi niñez, sí, mi madre no quiso enseñarme porque tuvo un fantástico accidente en el cual su clavícula se le salió de la piel, atravesó la camiseta y rayó la acera fue ahí, cuando abandonó las dos ruedas y le dio paso a las cuatro, a la gasolina y al estrés de los trancones. Conmigo, no sucedió la misma historia ¿en qué iba? Ah sí, como ven, mi madre no me enseñó a andar en dos ruedas y mucho menos mi padre, tanto mi hermano como yo aprendimos de viejos. Yo aprendí por curiosidad, porque un ser, bien allegado de hecho, adoraba montar en bicicleta, yo le copié el cuento y decidí lanzarme al ruedo. Al comienzo fue difícil ¿cómo no? Cuando se es niño los raspones no duelen y la sangre no asusta, con los años nos damos cuenta de cuánto duele un totazo y nos enfrentamos a nuestras inseguridades constantes. Por otro lado, ese cuento del equilibrio no es nada sencillo y, mantener coordinado el movimiento de las piernas y a...