lunes, 7 de abril de 2014

Ella

Tres días y medio después, dos de la tarde, tres copas, cinco tarjetas de antidepresivos y el intento de un personaje. Ella intenta empezar una novela. Ella no sabe qué crear para ser más ella y dejar tanto encanto de la apariencia. Ella no sabe qué personaje crear para proyectar en él su nada, su pandemónium y su ausencia de fe. Le ha puesto miles de nombres a su desencanto, le ha llamado hormonas, le ha titulado juventud, le ha intentado gritar raye-de-coco o gripa-mental. Ella lo ha intentado todo. Ella ahora está bien, ella sonríe, pero recuerda los vestigios del desasosiego de cada fin de mes y le da, por inercia, la sensación de vacío. Ella tiene miedo de volver a caer. Ella sigue en su universidad, cada día se esfuerza por ser cada vez más aquello que ella cree ser, por afirmarse en eso ajeno, por proyectar el deseo en los logros y por enajenarse más de sí y coincidir más con las letras de un muerto en un libro frío. Ella cree que nunca le encontrará un sentido real a sus días, que nunca proclamará con ímpetu “estoy feliz, ya está, estoy haciéndome como quiero ser y no necesito ser más”. Ella a veces piensa que eso le ha ayudado, le ha servido para estar en donde está, para tener buenas e inútiles calificaciones, una pareja a quien ama y que él la ama y un sinfín de experiencias y teorías en la cabeza. Ella debería sentirse bien, debería darse por bien servida ante el afloramiento de la vida, ante las oportunidades de sus días, ante tanto de tanto que tiene en su quehacer. Ella no sabe porqué no puede sentirse completa. Ella ahora se siente bien, no le falta nada, pero algo de ella desea no sentirse tan bien. Ella quiere crecer para ver si ese es el remedio para su estupidez.

lunes, 17 de marzo de 2014

"Conócete a ti mismo"

Y así, vereis, ella al fin aprendió a dejar tanta teoría y aferrarse un tantico a la vida, a esa vida que atraviesa el tiempo, sin letras muertas, solo palabras latentes, palpitantes, ansiosas de práctica ¿en qué momento se desprende de su madre-sistema, de su hogar, de su familia de muertos en textos contándole cómo vivir un mundo en el que ellos no vivieron? Se fue de su asidero cuando se enfrentó a la melancolía del sin sentido de los otros, de vivir atada de ojos y manos, con los pies amputados, sin poder correr, sin plumas, sin colores, aunada a tantas descripciones de mundo, tan poco de ellas, tan tanto de todo.

A veces uno se siente así ¿vos entendeis? Así, como fuera de sí, como poco de vos, como repleto de nada y carente de algo. Tal vez, solo tal vez es despertar y encontrarse ante una vida que es ajena, y cataplás, aparece el temor; el temor de saberse perdido ante las estructuras construidas, ante tanto edificio sin cimiento, ante tantos rascacielos sin sistema antisísmico. Y ahí vienen, esos malditos climas demenciales, tormentas quejumbrosas de salesitas en cristales, rayosrayacocos e infinidad de temblores. Y ahí se ve uno, sin paraguas, con ese pedacito de nada cubriéndolo a uno, desnudo ante el agua. Ahí, saliendo de ese resguardo aparente del ojo del huracán, gritando y recordando que el alma te dio avisos, te dijo “oye, todo tan bien no es tan bueno, despertarte todos los días bien en punto de las cinco, hacer tus quehaceres tan impecables y tan bien, ¿quién sos vos?” Y nunca, nunca quise responderlo. Heme aquí con las consecuencias de no limpiar bien el piso antes de construir la ciudad de mí. Heme aquí ante mí.

Y es ahí cuando se es más uno que nunca, cuando uno se da cuenta que ningún sistema te define, que sos vos ante vos, tan llena de vos. Da miedo saberse sí mismo, saberse ajeno de lo que con ansias se intentó crear. Yo intenté ser letras, también quise ser caos, quise ser viento y quise ser mar, pero no soy más que yo. Yo soy tormenta, no siempre violenta, solo agua constante, solo tristezas pasajeras y alegrías aparentes. No soy cielo ni tampoco infierno, solo soy un continuo explotarse de a pocos. Lo duro es haberse creído e intentar haber sido y luego, ahí como siempre la culpa, la culpa de creerse propio de lo que no se es. Ahora, aún no sé lo que soy pero sí sé lo que no. Ahora sé que de las letras me aferro pero no me componen; sé que no soy viento pero tampoco soy fuego; sé que tal vez nunca sabré lo que soy pero tal vez de eso me puedo aferrar para seguir.

sábado, 8 de marzo de 2014

Grito.

No saber quién se es, eso es caer en el vacío de la probabilidad. Creerse tan propio de sí, tan dueño de lo que con tanto ímpetu se ha forjado, saberse ajeno de su proyección, saberse despojado de sí ¿soy para los otros? Me atiborro de quehaceres. Busco, busco desesperadamente un grito desde la nada que reafirme lo que soy, un eco, un llamado, una respuesta, un camino ¿cómo reafirmarse en la carencia de sentido? Tretas repletas de caídas, grito mi nombre, no escucho respuesta y siento vértigo. La música no me ayuda a hallarme, la teoría me enajena, la cotidianidad me desgarra pero el caos me deshace ¿vivir fragmentada o anulada? Decido optar por lo primero.

Crearme como un boceto de nada, como un acetato maltrecho, escalones y trampolines, la desesperada búsqueda de un ascenso hacia algo que me brinde un asidero. Aferrarme a la nada que he construido. Me aferro fuerte a las escaleras, cae ácido en mis ojos, ¡cómo obnubilan los sueños sin realizar! Nada de lo que afirmo ser soy.

Vivir de la nostalgia es al menos vivir de algo. Vivir manoseando palabras, despilfarrándolas. Hay días en que el alma no se encuentra, se aferra a un cuerpo ajeno y al vacío del tiempo. Mi alma no se puede llenar con momentos. Hay días en que las sonrisas y las máscaras se deshacen ante ausencias, ante la carencia de mí.

viernes, 14 de febrero de 2014

De los cólicos mentales y otros relatos

El tiempo muerto
Tres tazas
Dos anhelos
Un suspiro.

Procrastinar y detruirse con no sé qués
Las tardes llenas de tanto y vacías de todo
Qué vacío tan lleno
Dos pizcas de desazón y tres cucharadas de sinsentido.

Sinsentido sin razón
El problema radica en eso
Se rasgan las hojas que rajan el cuello
Se acaba la tinta del tintero.

Se mancha la portada
Se borra el epígrafe
Se blasfema en el prólogo
Se defeca en la conclusión.

Más nudos que desenlaces
más eufemismos que verdades
Más trama que historias
Más vacuidad que hechos.

De los cólicos mentales y otras trivialidades
De eso se pintan los Lunes en la mañana y los viernes fríos
Un pucho, el amanecer, el vacío de la probabilidad
La nada, que de tanto estar se vuelve el todo.

Sinsabor sin razón de viernes en la mañana
El sinsabor de la ilusión infundada
Del teclado lleno de migas
De la cabeza llena de palabras

El sinsentido del después de la calma
El salir del ojo del huracán
Tempestad, ráfagas inesperadas
Tinta regada, esferos degollados

Difuntas páginas malgastadas
Pobres hojas que nacieron para no tener sentido
Los cafés que ya no saben rico
Que saben a pasados.

¿A qué sabe un viernes frío?
A melancolía, esa melancolía que no tiene lugar
No tiene motivo, está, arrasa, se va
Y no dice por qué decidió asesinar.

Aprender, salir, hacer tiempo
Quemar tiempo, malgastar tiempo
Tiempo, tiempo, tiempo insaciable
Tiempo, tiempo, tiempo inagotable.

Hacer el mandado, ir por la leche
Quemar tiempo
Acariciar los perros, comer galletas óreo
Quemar tiempo
Abrir un libro, cerrarlo otra vez, escribir sandeces
Quemar tiempo
Arrancarse las uñas, gritar, desesperarse
Incendio de tiempo.

lunes, 20 de enero de 2014

¿será que la vida me quedará grande? Sé que soy joven y estúpida, de eso no cabe duda, pero me he enfrentado, en mi corto periodo de vida, con ciertos sucesos y nada me ha llevado a aprender, reflexionar, anclar la desgracia con el posible futuro y evitar daños. Yo no sé, hoy casi muero nuevamente en dos ruedas y sigo sin aprender, mil y un veces la experiencia me decía "respeta y ama"; solo cumplía lo segundo y a lo primero le hacía muecas burlescas y le escupía en la cara ¿ahora qué queda? ¿corregir? ¿cambiar? Tal vez por más que intente esta es la porquería que soy. No hay remedio. Moriré de angustia. Moriré de sobredosis de mí. No es la edad, soy yo y toda la vida tendré que lidiar conmigo. No me soporto. No me soportaré. No soporto la vida a mi lado.

jueves, 9 de enero de 2014

Jueves.

Hoy es jueves, día como cualquier otro, ninguna efeméride por la cual alegrarse, nada que contar, otro día, otro más, más canas en potencia, menos expectativas de vida, más expectativas volcadas en sueños, menos probabilidad de lograrlos, más desazón en acto.

Ventilador, cobija, sudoku, esfero sin tinta.

Me inutilizo, tampoco sé en qué podría utilizarme. Tengo miedo, tal vez de nada concreto y eso me asusta más. Tengo miedo de todo, de la ambigüedad del todo y de la facilidad de la nada, de la carencia de logros y de las ansias de reconocimiento, de la ausencia de calma y de la inexorable vida.

Computador, televisor, agenda, olor de almuerzo.

Han pasado diez minutos luego del medio día, la mitad de un día derrochando tiempo, despilfarrando oportunidades de no-sé-qué. El problema de la vida es cuando se tiene fe en ella. El problema de los días es cuando creemos que podemos hacer mucho con ellos. El problema de la realidad es cuando pensamos en ella como fantasía, la idealizamos, soñamos ser algo algún día, sobresalir, conocer al menos lo suficiente como para sentirse orgulloso de sí.

Música, buscar otro esfero que tenga buena tinta, calor, mirar por la ventana.

Bien lo dijo Erasmo de Rotterdam citando a Sófocles en el elogio de la locura: Cuanta menos sabiduría se tiene, más feliz se es. No es que me considere sabia, no sería tan ilusa, pero sí quiero algún día llegar a saber algo, no sé qué exactamente, pero algo que me haga aferrarme a la vida lo suficiente como para valorarla. Busco conocer, conversar con aquellos a quienes considero sabios para permearme de ellos, para hacerlos mi ejemplo, para aprender, aprender, aprender. Poco a poco siento que lleno un saco roto, le arrojo citas, teorías, postulados cada que puedo y de nada sirve.

Tachar el sudoku con rabia por equivocarme en un número, sinsabor, ganas de lulada, salir corriendo.

Nada que hacer, todos los días serán siempre iguales, ganas de más y cada vez menos. Algún día me llenaré de algo, de lo que sea. Pronto volveré a mis rutinarios quehaceres y todo este tiempo libre terriblemente mal gastado quedará atrás, luego añoraré el descanso y nuevamente cuando lo tenga lo aborreceré.

Bajar a almorzar, salir a buscar lo que sea que me libere, pedalear, huir.

lunes, 6 de enero de 2014

Y aquí estoy, subsumida también en esa masa mórbida sedienta de redes sociales, sintiendo el valioso tiempo esfumarse en los días que se tornan inútiles, saltando del inicio a cualquier serie, documental o artículo que considere interesante, ojeando uno que otro libro, perdiéndome en la imbecilidad colectiva. No he podido terminar un libro en este mes, compré tantos pensando que aprovecharía el tiempo, maldito tiempo ¿será que todo esto me ganó? ¿será que nadie escapa? Soy débil y estúpida como todos por acá, ahogándome en el tiempo de ocio arrojado a las trivialidades.